Pastoral Eduquem en familia
Alguien dijo encontrar a Dios en la naturaleza. Y yo corrí hacia el mar, crucé campos y senderos, miré en espigas y en flores. Todos hablaban de Dios, de su poder, de su cuidado y esmero. Pero no vi a Dios, no estaba allí. Sólo había noticias de El, rumores y recuerdos.
Silencio
«Pregunta a los sabios de Dios», otros dijeron. Busqué al místico, al teólogo y al lama; acudí a templos y monasterios. Escuché santas ideas, comentarios, oraciones, sentimientos... Ellos vivían con Dios, pero yo no logré verlo.
Silencio
«Dios bajó hace ya tiempo; busca en los barrios, en la lucha del hombre por el hombre», sugirieron. «Busca en la selva, en la cárcel, en chabolas...». Y sólo hallé recuerdos, recuerdos de algo que El dijo, de interpretaciones, de ideas y de sueños.
Pero Dios no estaba allí; se fue hace tiempo.
Silencio
Entonces, desencantado, creí que no estaba en ningún sitio, o que estaba demasiado lejos. Y busqué en mi corazón otros asuntos; que siguiera Dios allá en su cielo. Al mirar allí, en mi corazón, sentado entre injusticias y entre miedos, entre dudas, rencores y esperanzas, entre buenos y malos sentimientos, estaba Dios, sentado y esperando.
No estaba en la tierra ni en el cielo.
Silencio
Me fui a contárselo a la gente, a gritar mi gran descubrimiento. Y me encontré que Dios estaba en las montañas, en las flores y en los monasterios, en los barrios, en la cárcel, en la iglesia, en la Biblia, en el cine y en los cuentos.
Resultó que Dios estaba en todos sitios cuando lo habías encontrado dentro.
Silencio








